Alivia la tensión, calma la ansiedad y recupera la confianza en tu cuerpo. Un espacio semanal, en directo, para volver a sostenerte desde dentro.
Ayer, antes de levantarme, hice lo de siempre. Ese cálculo silencioso que hacen los cuerpos que amanecen con dolor: mover un pie despacio, medir, ver por dónde va a doler hoy. Todavía no había abierto los ojos y ya estaba negociando con mi propia espalda.
«A ver cómo me levanto hoy.»
«Otra vez la pastilla.»
«No puedo hacer planes porque no sé cómo voy a estar.»
Y lo peor no es el dolor. Es lo que el dolor te va quitando por el camino. La confianza de moverte sin miedo. Las ganas de quedar. La sensación de que tu cuerpo está de tu parte. Un día miras atrás y llevas años viviendo en tu propia casa como un invitado que no se atreve a tocar nada.
El problema no era el dolor. Era haber dejado de creer que podía sostenerme.
Volver no es forzar. Es aprender a estar. Y para eso trabajamos con cuatro llaves.
Un miércoles cualquiera dentro de unos meses. Te levantas y no negocias con tu espalda: simplemente te levantas. Te agachas a por algo del armario de abajo sin pensarlo. Respiras hondo y el aire llega hasta abajo. Por la noche te duermes sin pelear con el techo. Y cuando aparece la tensión —porque va a aparecer— ya no te secuestra. Sabes qué hacer con ella.
Me levanto y me acuesto con dolor.
El fisio me alivia, pero solo un rato.
Vivo con miedo al próximo enganchón.
Por las noches, si no tomo la pastilla, no duermo.
Voy todo el día a 250 y no puedo parar.
Una clase semanal en directo. Cada miércoles, para volver a tu cuerpo con calma —no otra cosa que apuntar en la agenda y no cumplir—.
Las grabaciones se quedan contigo. Para el día que la vida se cruce, o para repetir la sesión que te tocó por dentro.
Grupo privado de WhatsApp. Donde resuelvo tus dudas y no estás sola con tu práctica.
Grupo reducido, máximo 12 personas. Esto no es una clase multitudinaria: es un espacio cuidado.
Acompañamiento todo el curso. De septiembre de 2026 a julio de 2027, a tu lado en el proceso.
Me apunté a las clases de Joan por no hacerle un feo a una amiga, que me las recomendó encarecidamente. Al cabo de un mes, un tic que llevaba conmigo desde los dos años, había desaparecido. Me enseñó a ser consciente de la respiración, a aprender a relajarme, a hacer estiramientos… con esa voz tan calmada que inspira paz. Ahora, yo soy mi amiga, y las recomiendo a todo el mundo.Nuria · Alumna de las clases de Chikung
Mejor. Aquí no venimos a rendir. Venimos a movernos despacio, justo desde donde estás hoy. El movimiento lento está pensado para cuerpos que llevan tiempo bloqueados, no para gimnastas.
Tienes la grabación esa misma semana. No pierdes la clase, la haces cuando tu cuerpo pueda.
No te voy a prometer magia. Te voy a enseñar a que el dolor deje de mandar. A tener recursos propios para calmarlo, para que ocupe menos y tú ocupes más.
No necesitas ser flexible. No necesitas dejar de tener dolor para empezar. No necesitas poder con todo tú sola.
Y ya va siendo hora de volver a habitarla.
Quiero volver a habitar mi cuerpo →